50 años de “Al final de la escapada”

Justo en el momento en el que las mayores innovaciones cinematográficas vienen de la mano de efectos especiales nunca vistos y de sus consiguientes presupuestos magnos, se cumplen 50 años del estreno de “Al final de la escapada”, la primera película de Jean-Luc Godard que revolucionó el cine revisando muchos de sus planteamientos.

 

Jean Seberg

Se considera que esta película fue uno de los pilares fundamentales para la creación del famoso movimiento cinematográfico conocido como Nouvelle Vague a finales de los años 50. Godard, como otros muchos cineastas de la época no encuadrados dentro del cine más industrial y comercial de Hollywood, se mostraban reacios a acatar unas normas demasiado estrictas y academicistas que, además, relegaban a un segundo plano la figura del director como artista y dueño principal de su obra. En este contexto, se funda la revistaCahiers du cinema, encabezada y respaldada por autores como Truffaut, Chabrol, Resnais o Rohmer, además del propio Godard. En ella se manifestaba la clara intención de experimentar con el cine en todos sus ámbitos, tanto argumentales (la búsqueda de la profundidad y el realismo en sus planteamientos) como puramente técnicos (presupuestos bajos, montajes rupturistas, fotografías alejadas de la estética de plató). Al final de la escapada, junto con los films de Truffaut (Los cuatrocientos golpes) y Resnais (Hiroshima, mon amour) supuso el pistoletazo de salida para la materialización de todos aquellos conceptos.

La película gira en torno a la historia de amor que surge entre Michel Poiccard (Jean-Paul Belmondo), un ladrón de coches fortuitamente convertido en un fugitivo de la ley por un delito de asesinato y que idolatra la figura elegantemente machista de Humphrey Bogart, y Patricia Franchini (Jean Seberg), una joven americana de buena familia con ambiciones literarias que vende periódicos en las calles de París. El juego de intenciones contamina toda acción. Patricia quiere ayudar a su amigo a escapar de la policía ya que desconoce el delito de asesinato pero duda de los verdaderos sentimientos de Michel. Él, por su parte, oculta la verdad mientras trata de seducir a Patricia y huir con ella. Una tragedia silenciosa que, conforme se acerca el final de la película, busca ser verbalizada y emerger en su forma más explícita hasta desembocar en una memorable escena final que pasó a los anales del séptimo arte.

Godard, abanderado de la Nouvelle Vague, quiso contar esta historia haciendo uso de técnicas novedosas que con el tiempo se han ido estandarizando, pero que en aquel momento arriesgaban la comprensión del film por parte de cualquier espectador perezoso. Godard no fue, sin embargo, el primero en emplearlas, sino el primer director capaz de organizar toda la experimentación que se estaba llevando a cabo y dotarla de sentido. Una apuesta semejante a la que en su momento hizo Orson Welles en Ciudadano Kane. Entre otras cosas, destacan la concepción del rodaje como un organismo más libre en el seno de una producción mucho menor de lo habitual, carente de estructuras encorsetadas, en las que había cabida para la improvisación de los actores dotando a los diálogos de una frescura desconocida. La realización jugaba con la alteración delraccord, las asincronías, planos secuencia vertiginosos, losjump-cuts, extraños fundidos, movimientos de cámara chirriantes o el uso de luz natural. Es interesante observar cómo los actores miraban directamente a la cámara por primera vez, rompiendo así la eterna frontera entre personaje y espectador. Tal vez el elemento más clásico que compone el cuadro – y esta afirmación hay que cogerla con pinzas – fue el uso de la música como uno de los elementos conductores de la historia, elemento del que Godard no quiso desprenderse. Sin embargo, la banda sonora a cargo de Matial Solal identificó con acierto el componente desestructurado del film con las formas libres del jazz.

Al final de la escapada era toda ella una gran provocación, aunque respetuosa con el cine precedente – y así lo demuestran sus infinitos guiños diseminados por la película – que buscaba, no sólo romper el concepto del cine clásico que busca ocultar el artificio y jactarse de ello, sino también retar al espectador a un ejercicio de comprensión particular. Por todo ello, se considera que la película inicia definitivamente la idea del modernismo cinematográfico de manera consciente y hoy día sigue resultando tremendamente original. Con películas de tamaña repercusión uno se pregunta dónde quedaron aquellos reductos de autores con verdadera capacidad para teorizar sobre el arte y que entre unos pocos eran capaces de revolucionar la industria y hacer al mundo dar volteretas. Queda confiar en que se trata de una conciencia latente esperando dispararse en el momento y lugar adecuados. Mientras tanto siempre podemos seguir visionando joyas como ésta que nos han sido legadas por la historia del cine.

Este artículo se publico en la revista Ámbito Cultural de El Corte Inglés.

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